Livingston, al otro lado del rio

Rio Dulce es el pueblo de la Provincia de Izabal que recibe el nombre del rio que lo baña, únicamente lo forma una calle, pero supone el punto estratégico para abordar el caribe guatemalteco. Hasta las 2pm hay servicio de barcas públicas que realizan el trayecto hasta Livingston, por el innegociable precio de 120Q. Unos 20 minutos antes de llegar a este destino se encuentran 2 hoteles en pleno rio que merece la pena visitar si se dispone de varios días y se busca un poco de tranquilidad en el viaje por Guatemala: The Roundhose y El Hotelito Perdido. En este último nos alojamos una noche a la vuelta a Rio Dulce ya que a la ida no había habitaciones libres.

Tras llegar de Semuc Champey a Rio Dulce, cogimos una barca pública y fuimos directos hacia Livingston. He de decir que la primera impresión no fue buena: calles un poco dejadas y aparentemente nada turístico que visitar. Hicimos una única noche alojándonos por 90Q en el, la dueña nos ofreció una gran oferta gastronómica y lo que llegamos a degustar Hostal Garibaldi resultó excepcional. Eso sí, la mujer era cansina…., cansina; no paraba de darnos la brasa para que desayunáramos, comiéramos o cenáramos allí y nos vigilaba a cada movimiento que hacíamos, vamos, un auténtico dolor de muelas. Por la tarde, después de dejar nuestras mochilas en el hostal, decidimos salir a dar una vuelta. Lo que más nos sorprendió fue ver como la comunidad la formaban afroamericanos y latinos; parece ser que los primeros descienden de los esclavos que llevaron los conquistadores españoles a esa zona, y debido a lo aislada que se encuentra, se quedaron y echaron raíces. Algo que también nos resultó llamativo fue ver que no había casi turistas, igual una docena o una veintena a lo sumo; en los dos días que estuvimos nos los fuimos encontrando varias veces y al final los saludábamos como si fueramos conocidos de toda la vida.

Al día siguiente decidimos madrugar bastante para ir caminando hasta Los siete altares, una de las pocas atracciones turísticas de la ciudad. Se puede llegar con lancha por unos 35Q, pero preferimos andar una hora y media por la playa, decisión que a posteriori resultó una genial idea. Algo que nos chocó mucho en el camino de ida fue ver la cantidad de residuos, sobre todo plásticos, que se encontraban en la orilla de la playa, para nada nos pareció que se mereciera el nombre de Playa Blanca o la consideración de ser la playa más bonita de toda Guatemala. Pensamos: como serán las demás… Al llegar, pagamos los 20Q de la entrada y pudimos comprobar que éramos las únicas personas en el lugar, sin contar los dos hombres que estaban retirando una rama de un árbol caída en una de las pozas y un niño que les observaba atentamente. Realmente hay más de 7 pozas, pero las más importantes suman ese número. Caminamos saltando entre las piedras, rio arriba, hasta llegar a una pequeña cascada y sentimos que era un lugar más auténtico que alguno de los otros que habíamos visto en el viaje, pero nada comparable con Semuc Champey. No nos bañamos porque estaba amenazando lluvia y no parecía el día indicado para ello. Al salir vimos como estaba empezando a llegar algo de gente: un colegio y algunos turistas. Tomamos una cerveza en la terraza del bar de la entrada al parque y emprendimos el camino de regreso.

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La vuelta fue totalmente distinta a la ida, había bajado el nivel del mar y la playa se mostraba ahora en todo su esplendor. Habían aparecido 3-4 metros más de arena y la basura que antes parecía estar en la orilla ahora estaba más alejada del agua, y ésta, a su vez, era más cristalina que a primera hora de la mañana. Algunos locales se bañaban y otros con su redes, bien en sus barcas o bien caminando en el agua pescaban por arrastre. Una estampa que nos cautivó.

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Al llegar al hostal, puesto que era tarde, recogimos las mochilas y fuimos con unas chicas americanas, que habíamos conocido fugazmente la noche de antes, a buscar el barco que nos llevaría a pasar una noche en el Hotelito Perdido.

A la mañana siguiente, tras haber dormido en una cabañita chulísima en medio de la naturaleza, nos montamos en otra barca y comenzamos el viaje rumbo a uno de los lugares que con más ansias esperábamos visitar: Tikal.

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