El Lago Atitlán: El paraiso en Guatemala

Llevar la mochila encima siempre, subir en autobuses ya en marcha y bajar a ritmo frenético, buscar un lugar dónde pasar la noche cada día, desayunar cualquier cosa y comer barato… Acostumbrarnos y adaptarnos a nuestro nuevo día a día no fue del todo fácil, por eso los dos teníamos muchas ganas de unos días de relax, unos días tranquilos sin preocuparnos por nada ni nadie. El Lago Atitlan era un paraje perfecto para conseguirlo.

Lo que nos sorprendió más de la historia del lago es que no se supiese con certeza el origen del mismo. Por lo que habíamos leído hay dos opiniones distintas: una de ellas dice que el lago es un viejo cráter muerto y la otra que los volcanes interrumpieron el curso de los tres ríos que vienen del norte y al reunirse las aguas dieron origen al lago.

Panorama Lago Atitlán

El Lago Atitlan está situado a 1560 metros sobre el nivel del mar y tiene 18 km de longitud. Está rodeado de los volcanes de Atitlán (3537m), Tolimán (3158m) y volcán San Pedro (3026m), al que decidiríamos subir. De igual forma también está rodeado por doce poblaciones mayas, que curiosamente todas tienen nombres de santos: Santa Catarina de Palopó, San Antonio de Palopó, San Lucas Toliman, Santiago Atitlán, San Pedro La Laguna, San Juan La Laguna, San Pablo La Laguna, San Marcos la Laguna, Santa Cruz La Laguna y San Francisco de Panajachel.

Muy pronto nos dimos cuenta que la mejor manera para moverse por los pueblecitos del lago era en bote. Hay públicos que son económicos (unos 20 quetzales) y privados que te suelen pedir unos 150Q.

Desde Chichicastenango cogimos tres autobuses distintos (5Q cada uno), que nos llevarían a Panajachel, el primero de los tres pueblos que queríamos visitar. Nos alojamos en el Hostal Santo Domingo, dónde por 100Q teníamos una habitación doble para nosotros. Dejamos las mochilas rápidamente y después de dar una vuelta por el pueblo nos dirigimos a Santiago de Atitlán, un pueblo muy pequeño que nos había recomendado más de una persona. Desde Panajachel, pueden cogerse botes por 25Q.

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En el trayecto, tuvimos la suerte de coincidir con una pareja de guatemaltecos muy agradables, con los que nos juntaríamos por la noche para brindar y contarnos las realidades de nuestros países de origen. Creo recordar que en algún momento dijimos que una de las cosas que más nos llamaba la atención de Guatemala era que las mujeres aún usaban el vestido tradicional mientras que los hombres habían sucumbido a la tendencia occidental. En Santiago de Atitlán no es así. Es el único lugar que encontramos dónde los hombres aún visten de forma tradicional: pantalón blanco con motivos geométricos y sombrero.

Nada más atracar en el puerto de Santiago de Atitlán ya se divisa la calle principal, en ella, las artesanías están muy presentes: puestos de telas, máscaras, cuadros, bolsos… Todo este colorido muestrario desemboca en una plaza llena de vida; tan solo unas pocas escaleras la separan de la Iglesia de Santiago Apóstol, construida en 1547 y en nuestra opinión la más bonita del lago. Las demás iglesias de la zona son mucho más humildes que en el resto de Guatemala. En el centro de la plaza se halla una cruz de madera de la misma época que la iglesia y cuando fuimos nosotros había también montada una noria de madera para que subieran los niños.

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No tardaron mucho en ofrecernos ir a ver al Maximón, una mezcla de cultura maya y cristiana plasmada en un muñeco de madera. El Maximón se adora y se protege, y es por eso que se cambia de sitio a menudo y es alguien de la misma ciudad quien tiene que ofrecerse a enseñártelo. De inicio nos pidieron 100Q para enseñárnoslo y nos lo fueron rebajando hasta 40Q sin que nosotros mostráramos ningún tipo de interés. Aun después de ese autoregateo decidimos que no queríamos verlo.

A media tarde regresamos a Panajachel. Pasamos todo el atardecer con la pareja de guatemaltecos; entre cerveza y cerveza pudimos hacernos una idea de los pros y los contras de vivir en Guatemala y pasamos, en el jardín del hotel donde estaban alojados, con unas espléndidas vistas al lago, una de las mejores noches hasta el momento.

La mañana siguiente nos dirigimos a San Marcos. A nuestra llegada, nos sorprendió comprobar que las escasas calles que forman este pueblo están saturadas de centros de meditación, masajes, yoga… Es todo un paraíso para los amantes de los productos naturales, la comida vegetariana y la vida saludable. Estando en un lugar así no podíamos irnos sin experimentar una sesión de yoga. Nos alojamos en el hostal La Paz (60Q) y por la mañana nos despertamos bastante tempranito para recibir la clase rodeados de árboles.

Después de un buen desayuno de frutas, yogurt y granola cogimos el bote (25Q) para hacer nuestra última parada en el Lago: San Pedro de la Laguna. Después de descubrir que el pueblo estaba lleno de desniveles, conseguimos hospedarnos en el Hostal PINOCCHIO (50Q), en una habitación compartida. Era un pueblo más grande de lo que esperábamos, de tamaño similar a Panajachel, aunque para nosotros con mucho más encanto. Empezamos a perdernos por sus callejuelas y sin darnos cuenta aparecimos en medio de un caótico mercado dónde comimos bueno y barato ;). La iglesia del Apóstol San Pedro se encuentra en la plaza central del pueblo y aunque es posterior a la de Santiago Atitlán, a nosotros nos resultaron muy similares.

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Una de las cosas que nos llamó más la atención es que, en todo el pueblo, había muchos murales con frases católicas que animaban a la gente a creer en Dios y ser practicante. Frases como “yo tengo cristo en mí, ¿y tú?” eran comunes en todas las calles.

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A parte de callejear por este pintoresco pueblo, uno de los principales reclamos turísticos de San Pedro son los trekkings a los volcanes que lo rodean. Nosotros decidimos subir al volcán San Pedro, cuya mera presencia en el lago resultaba imponente. Salimos temprano, el tuk tuk nos dejó en la falda del volcán y desde allí comenzamos a ascender con nuestro guía lo que serían 2h y 40 minutos de auténtica subida. La dificultad diremos que es intermedia. Después de la primera hora se llega a un mirador desde el que se divisa todo el lago y una hora más tarde aparece en el camino una cabaña donde hay un columpio hecho con un neumático. Aunque nos cansamos bastante, los dos creemos que valió mucho la pena, las vistas desde la cima ¡fueron increíbles! No pudimos encontrar mejor colofón para estos, que fueron para nosotros, los mejores y más completos días de nuestro viaje a Guatemala.

Panorama Volcan San Pedro

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