6 Maravillas naturales de Latinoamérica que posiblemente nunca hayas oído mencionar

En estos casi 5 meses que llevamos viajando, hemos tenido la suerte de contemplar algunas de las maravillas naturales más impresionantes que adornan nuestro planeta. Nuestra aventura nos ha llevado a recorrer buena parte de Latinoamérica, pero muy pronto nos trasladará de igual forma a Oceanía y Asia. Durante este tiempo hemos tenido la inmensa fortuna de poder explorar 6 países del continente americano y, aunque podrían ser más, seis han sido los lugares mágicos que hemos elegido y que en su día nos dejaron boquiabiertos.

A todos nos han contado alguna vez que el Salar de Uyuni es inolvidable o que las Cataratas de Iguazú te hacen sentir diminuto. En este artículo no vamos a hablar de eso. Hay muchos lugares, algo más apartados de las rutas tradicionales, que sin duda te harán sentir que estás en un momento único e irrepetible.

Estas son las 6 maravillas naturales de Latinoamérica de las que posiblemente no hayas oído nunca hablar.

 

1.- Cascadas de Hierve el Agua (México)

Oaxaca esconde muchos rincones de una belleza indiscutible, pero sin duda este es uno de los más impresionantes. Hierve el Agua es un sistema de cascadas petrificadas, formadas por carbonato de calcio. Son de origen natural y se formaron hace miles de años por el escurrimiento de agua con altas concentraciones de dicho mineral. El agua de los manantiales fue creando varias albercas, desde donde el agua escurría e iba modelando las cascadas. Hoy en día, dichas albercas naturales y una artificial se utilizan como balneario natural. Su temperatura ronda los 22-25ºC, y el burbujeo que a veces se produce da nombre al lugar.

La única cascada similar se encuentra en Turquía: Pamukkale.

     

 

2.- Islas Ballestas (Perú)

A dichas islas se puede acceder desde Paracas, cerca de Pisco, con un tour organizado. La visita se realiza con un barco, desde donde se puede apreciar colonias de pingüinos de Humboldt y dos variedades de lobos marinos, entre otros mamíferos. El espectáculo faunístico es de 360º.

    

 

3.- Semuc Champey (Guatemala)

Una de las visitas imprescindibles de todo viaje a Guatemala. Se trata de un parque natural cuya mayor atracción son unas piscinas naturales de roca caliza de 1 a 3 metros de profundidad y 300 metros de largo por las cuales fluye el río Cahabón. Con el paso del tiempo los fósiles que se encontraban en el rio se fueron desgastando y esculpiendo estas formas tan características. Además de esto, el parque cuenta con un mirador de 50 metros de altura desde el que se pueden divisar las pozas (la ascensión no es muy dura y tarda una hora), un sumidero y una cascada que se puede visitar con algunos tours.

 

4.- Parque Nacional de Toro Toro (Bolivia)

Es todo un paraíso para los amantes de la geología y la paleontología. En su interior se puede encontrar desde huellas de dinosaurios del periodo mesozoico a extensas cavernas de origen kárstico. El lugar estrella es la caverna de Huma Jalanta, de unos 7km de extensión, cuyo descenso sorteando estalactitas y estalagmitas finaliza en un lago subterráneo habitado por peces ciegos.

Su acceso no es fácil, ya que lo separa de Cochabamba una carretera sin asfaltar que toma unas 6h con transporte público. Sin duda un pequeño sacrificio que se verá recompensado con creces.

 

5.- Cerro de los 7 colores (Argentina)

Purmamarca, es un pequeño pueblecito del norte de Argentina, que se sitúa a los pies del Cerro de los 7 colores. Este arcoíris natural es producto de una compleja historia geológica, que ha dado lugar a dicho colorido debido a la presencia de: arcilla, piedra caliza, margos, arcilitas, oxido de cobre y areniscas con azufre, entre otros.

Tras una pequeña caminata de media hora se puede observar en su totalidad desde el mirador del Cerro Morado.

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6.- Geiseres del Tatio (Chile)

El Tatio es el campo geotérmico más alto del mundo, de hecho se encuentra a unos 4320m de altitud sobre el nivel del mar. Ocupa una extensión de unos 10km, lo que le coloca en el tercer puesto mundial. Está constituido por algo menos de un centenar de fumarolas que son más visibles a primera hora de la mañana, ya que el contraste frio-calor es mayor.

Es muy importante respetar las zonas señalizadas puesto que ha habido que lamentar muertes recientemente. La última persona cayó a uno de los geiseres haciéndose un “selfie” (no comments).

 

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Por caminos perdidos

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El Lago Atitlán: El paraiso en Guatemala

Llevar la mochila encima siempre, subir en autobuses ya en marcha y bajar a ritmo frenético, buscar un lugar dónde pasar la noche cada día, desayunar cualquier cosa y comer barato… Acostumbrarnos y adaptarnos a nuestro nuevo día a día no fue del todo fácil, por eso los dos teníamos muchas ganas de unos días de relax, unos días tranquilos sin preocuparnos por nada ni nadie. El Lago Atitlan era un paraje perfecto para conseguirlo.

Lo que nos sorprendió más de la historia del lago es que no se supiese con certeza el origen del mismo. Por lo que habíamos leído hay dos opiniones distintas: una de ellas dice que el lago es un viejo cráter muerto y la otra que los volcanes interrumpieron el curso de los tres ríos que vienen del norte y al reunirse las aguas dieron origen al lago.

Panorama Lago Atitlán

El Lago Atitlan está situado a 1560 metros sobre el nivel del mar y tiene 18 km de longitud. Está rodeado de los volcanes de Atitlán (3537m), Tolimán (3158m) y volcán San Pedro (3026m), al que decidiríamos subir. De igual forma también está rodeado por doce poblaciones mayas, que curiosamente todas tienen nombres de santos: Santa Catarina de Palopó, San Antonio de Palopó, San Lucas Toliman, Santiago Atitlán, San Pedro La Laguna, San Juan La Laguna, San Pablo La Laguna, San Marcos la Laguna, Santa Cruz La Laguna y San Francisco de Panajachel.

Muy pronto nos dimos cuenta que la mejor manera para moverse por los pueblecitos del lago era en bote. Hay públicos que son económicos (unos 20 quetzales) y privados que te suelen pedir unos 150Q.

Desde Chichicastenango cogimos tres autobuses distintos (5Q cada uno), que nos llevarían a Panajachel, el primero de los tres pueblos que queríamos visitar. Nos alojamos en el Hostal Santo Domingo, dónde por 100Q teníamos una habitación doble para nosotros. Dejamos las mochilas rápidamente y después de dar una vuelta por el pueblo nos dirigimos a Santiago de Atitlán, un pueblo muy pequeño que nos había recomendado más de una persona. Desde Panajachel, pueden cogerse botes por 25Q.

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En el trayecto, tuvimos la suerte de coincidir con una pareja de guatemaltecos muy agradables, con los que nos juntaríamos por la noche para brindar y contarnos las realidades de nuestros países de origen. Creo recordar que en algún momento dijimos que una de las cosas que más nos llamaba la atención de Guatemala era que las mujeres aún usaban el vestido tradicional mientras que los hombres habían sucumbido a la tendencia occidental. En Santiago de Atitlán no es así. Es el único lugar que encontramos dónde los hombres aún visten de forma tradicional: pantalón blanco con motivos geométricos y sombrero.

Nada más atracar en el puerto de Santiago de Atitlán ya se divisa la calle principal, en ella, las artesanías están muy presentes: puestos de telas, máscaras, cuadros, bolsos… Todo este colorido muestrario desemboca en una plaza llena de vida; tan solo unas pocas escaleras la separan de la Iglesia de Santiago Apóstol, construida en 1547 y en nuestra opinión la más bonita del lago. Las demás iglesias de la zona son mucho más humildes que en el resto de Guatemala. En el centro de la plaza se halla una cruz de madera de la misma época que la iglesia y cuando fuimos nosotros había también montada una noria de madera para que subieran los niños.

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No tardaron mucho en ofrecernos ir a ver al Maximón, una mezcla de cultura maya y cristiana plasmada en un muñeco de madera. El Maximón se adora y se protege, y es por eso que se cambia de sitio a menudo y es alguien de la misma ciudad quien tiene que ofrecerse a enseñártelo. De inicio nos pidieron 100Q para enseñárnoslo y nos lo fueron rebajando hasta 40Q sin que nosotros mostráramos ningún tipo de interés. Aun después de ese autoregateo decidimos que no queríamos verlo.

A media tarde regresamos a Panajachel. Pasamos todo el atardecer con la pareja de guatemaltecos; entre cerveza y cerveza pudimos hacernos una idea de los pros y los contras de vivir en Guatemala y pasamos, en el jardín del hotel donde estaban alojados, con unas espléndidas vistas al lago, una de las mejores noches hasta el momento.

La mañana siguiente nos dirigimos a San Marcos. A nuestra llegada, nos sorprendió comprobar que las escasas calles que forman este pueblo están saturadas de centros de meditación, masajes, yoga… Es todo un paraíso para los amantes de los productos naturales, la comida vegetariana y la vida saludable. Estando en un lugar así no podíamos irnos sin experimentar una sesión de yoga. Nos alojamos en el hostal La Paz (60Q) y por la mañana nos despertamos bastante tempranito para recibir la clase rodeados de árboles.

Después de un buen desayuno de frutas, yogurt y granola cogimos el bote (25Q) para hacer nuestra última parada en el Lago: San Pedro de la Laguna. Después de descubrir que el pueblo estaba lleno de desniveles, conseguimos hospedarnos en el Hostal PINOCCHIO (50Q), en una habitación compartida. Era un pueblo más grande de lo que esperábamos, de tamaño similar a Panajachel, aunque para nosotros con mucho más encanto. Empezamos a perdernos por sus callejuelas y sin darnos cuenta aparecimos en medio de un caótico mercado dónde comimos bueno y barato ;). La iglesia del Apóstol San Pedro se encuentra en la plaza central del pueblo y aunque es posterior a la de Santiago Atitlán, a nosotros nos resultaron muy similares.

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Una de las cosas que nos llamó más la atención es que, en todo el pueblo, había muchos murales con frases católicas que animaban a la gente a creer en Dios y ser practicante. Frases como “yo tengo cristo en mí, ¿y tú?” eran comunes en todas las calles.

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A parte de callejear por este pintoresco pueblo, uno de los principales reclamos turísticos de San Pedro son los trekkings a los volcanes que lo rodean. Nosotros decidimos subir al volcán San Pedro, cuya mera presencia en el lago resultaba imponente. Salimos temprano, el tuk tuk nos dejó en la falda del volcán y desde allí comenzamos a ascender con nuestro guía lo que serían 2h y 40 minutos de auténtica subida. La dificultad diremos que es intermedia. Después de la primera hora se llega a un mirador desde el que se divisa todo el lago y una hora más tarde aparece en el camino una cabaña donde hay un columpio hecho con un neumático. Aunque nos cansamos bastante, los dos creemos que valió mucho la pena, las vistas desde la cima ¡fueron increíbles! No pudimos encontrar mejor colofón para estos, que fueron para nosotros, los mejores y más completos días de nuestro viaje a Guatemala.

Panorama Volcan San Pedro

Guatemala: 6 Consejos y 6 curiosidades

Guatemala no es un país muy turístico, aunque determinados sitios aglutinan el grueso de todos los extranjeros que lo visitan. He aquí algunos de los consejos y curiosidades que pueden ser útiles por si alguna vez decidís aventuraros en este país tan poco explorado.

Consejos:

  1. No coger shuttles turísticos. Están hechos para extranjeros y los precios llegan a ser el triple de lo que suelen ser los de los “chicken bus” o los microbuses.
  2. A la hora de abordar un transporte para locales:
    • Los trayectos suelen empezar a las 5-6 de la mañana y acaban a las 18h, por lo que hay que madrugar un poco si quieres recorrer una larga distancia conectando más de un transporte.
    • Aunque es un país pequeño los trayectos suelen ser de varias horas debido a las pésimas condiciones de las carreteras. A veces son caminos de tierra.
    • Preguntar el precio primero. Aconsejamos preguntarlo primero a algún local para tener una referencia, ya que una vez arriba te suelen intentar sacar algo más de lo que le hacen pagar a la gente de allí.
    • No dejar nada frágil en la mochila. En los “chicken bus” la colocan en la parte de arriba atada con cuerdas y para bajarla la tiran desde allí al suelo sin ningún tipo de miramiento.
  3. Hay muy poca gente que haga Coachsurfing. No merece mucho la pena invertir tiempo en ello ya que los hostales y hostels son baratos (alrededor de 7-9 euros por persona y noche).
  4. No hay muchos precios establecidos. En los restaurantes, por ejemplo, no suele haber cartas de menú para consultar los precios. Es necesario regatear, siempre tienden a hinchar los precios sobre un 20%.
  5. Todo el mundo desaconseja viajar a Ciudad de Guatemala ya que es una gran urbe con poco que ver y muy insegura en algunas zonas.
  6. El agua del grifo no es potable. Las botellas de agua de 1´5-2 litros suelen costar alrededor de 1 euro.

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Curiosidades:

  1. En la carretera se ven casas, quitamiedos, postes e incluso piedras pintadas de colores. Cuando fuimos nosotros faltaba menos de un mes para que se celebraran las elecciones generales y la manera en que los partidos políticos se promocionan es esta. Cada partido político suele tener asociado un color (rojo, verde y naranja son los más comunes) y su manera de hacer campaña incluye, por ejemplo, pintar la casa de la gente que no se lo puede permitir, eso sí, con los colores de su partido.
  2. A los “chicken bus” a menudo se suben vendedores. Sobre todo en la ruta Quetzaltenango – La Mesilla. A nosotros además de mucha comida y bebida nos ofrecieron libros religiosos, vitaminas y hasta desparasitantes.
  3. Los guatemaltecos suelen chupar un limón después de beber un trago de cerveza.
  4. La gente, sobre todo mujeres, de las zonas más rurales suelen vestir con ropa tradicional. Suele ser porque no tienen mucho contacto con el exterior de su comunidad o porque su economía es limitada.
  5. Las lápidas en los cementerios suelen ser de varios colores. Esto también ocurre en algunas zonas de México.

IMG_0662    6. Es un país de creencias religiosas bastante arraigadas. Se pueden encontrar en las calles muchos murales (sobre todo en San Pedro de la Laguna) con referencias religiosas. El matrimonio gay no esta reconocido.

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El ocaso de Tikal

Tikal es probablemente la ciudad de la civilización maya con la historia más apasionante. Sus orígenes se remontan al siglo IV a. C. y su abandono sucedió a finales del siglo X d. C. Todo parece indicar que probablemente su época de esplendor se situó entre los siglos III y V d. C., cuando se extendió por el sur hasta la actual Copan (Honduras). El análisis de los yacimientos sugiere que el motivo del ocaso de Tikal y sus alrededores se debió a la superpoblación; el área sufrió una gran deforestación, erosión y la perdida de nutrientes originó una rápida disminución de la población lo que derivó en una pérdida de su autoridad central y un posterior abandono. Fue declarada patrimonio de la humanidad en 1979 y quizá algunos recuerden que fue utilizada como escenario en el episodio IV de la guerra de las galaxias (1977) ;).

Panorama Tikal

De regreso en Rio Dulce decidimos empezar a tomarnos en serio lo de ahorrar; preguntamos en la estación de autobuses y a los 20 minutos nos subimos en un autobús de locales rumbo a Flores (70Q). Se trata de una ciudad emplazada a orillas del lago Peten Itza cuyo casco histórico se sitúa en una isla un poco turística pero con bastante encanto. Para nuestro asombro el autobús nos dejó a las afueras de la ciudad, por lo que tuvimos que caminar unos 3km con las mochilas hasta que cruzamos el puente que da acceso a la isla. Hicimos una pequeña parada en la oficina de información para enterarnos de cuales eran las conexiones con Tikal y Cobán, y fuimos preguntando precios de hostales hasta uno que nos había recomendado una amiga de Marina: Hostal Doña Goya (50Q por persona en dormitorio compartido). En el mismo hostal nos ofrecieron llevarnos con un shuttle a la mañana siguiente a Tikal (70Q), y viendo que solo era 10Q más caro que el autobús de línea y que nos recogían en la puerta del hostal, no dudamos en reservarlo. De igual forma reservamos también allí un shuttle a Cobán para el próximo día, ya que nos convencían más los 100Q que costaba frente a los 80Q del autobús más la caminata de 3km con las mochilas. Hecho esto salimos a comer; preguntando a unos locales nos recomendaron un restaurante llamado “Jardin Maya”, cercano a la entrada de la isla, donde por 20Q comimos estupendamente. Pasamos la tarde lavando ropa y salimos a cenar y a tomarnos una cerveza a un restaurante cercano a nuestro hostal que tenía una azotea con vistas al lago.

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Nos despertamos de madrugada para coger el shuttle a las 4:30am y ser de las primeras personas en entrar al parque (150Q para los extranjeros y 25 para los locales….nos quedamos: ¿¿¿what???). Los guías no eran precisamente más baratos y preferimos aventurarnos por nuestra cuenta en el parque. Estuvimos bastante tiempo caminando solos por los caminos que se abrían entre la jungla, ¡el recinto era enorme! Las primeras ruinas que vimos no nos parecieron muy sorprendentes, la mayoría estaban parcialmente cubiertas por vegetación o tierra, hasta que llegamos a una pirámide (templo V) en la que por su parte lateral se podía subir por unas escaleras hasta la cima. Desde allí había una bonita vista panorámica y se divisaban un par de templos entre la selva. Una vez abajo nos dirigimos hacia el templo IV. Nos pareció increíblemente bien conservado, hicimos un montón de fotos y tuvimos la oportunidad de ver de cerca a uno de los animales que poblan las ruinas: el pizote. De allí caminamos hasta la Plaza central; cuando vimos los templos I, II y III exclamamos: ¡esto sí que es lo que esperábamos! La vista panorámica era increíble, y aunque había bastante gente tampoco llegaba a ser demasiada. En ese momento nos enamoró Tikal.

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De regreso a Flores dimos un paseo por la isla y descubrimos unos puestos de comida callejera en el extremo oeste, a la orilla del lago, cuyos precios y variedad nos hicieron quedarnos a cenar. Después de unos cuantos tacos, una quesadilla y un par de trozos de tarta nos dirigimos hacia el hostal con el propósito de descansar puesto que al día siguiente nos esperaba un largo viaje a Cobán. Allí pasaríamos una noche antes de dirigirnos a Chichicastenango (conocida como “Chichi” por los locales), para posteriormente intentar abordar el Lago Atitlán por el pueblo de Panajachel. Lo mejor aún estaba por llegar.

Livingston, al otro lado del rio

Rio Dulce es el pueblo de la Provincia de Izabal que recibe el nombre del rio que lo baña, únicamente lo forma una calle, pero supone el punto estratégico para abordar el caribe guatemalteco. Hasta las 2pm hay servicio de barcas públicas que realizan el trayecto hasta Livingston, por el innegociable precio de 120Q. Unos 20 minutos antes de llegar a este destino se encuentran 2 hoteles en pleno rio que merece la pena visitar si se dispone de varios días y se busca un poco de tranquilidad en el viaje por Guatemala: The Roundhose y El Hotelito Perdido. En este último nos alojamos una noche a la vuelta a Rio Dulce ya que a la ida no había habitaciones libres.

Tras llegar de Semuc Champey a Rio Dulce, cogimos una barca pública y fuimos directos hacia Livingston. He de decir que la primera impresión no fue buena: calles un poco dejadas y aparentemente nada turístico que visitar. Hicimos una única noche alojándonos por 90Q en el, la dueña nos ofreció una gran oferta gastronómica y lo que llegamos a degustar Hostal Garibaldi resultó excepcional. Eso sí, la mujer era cansina…., cansina; no paraba de darnos la brasa para que desayunáramos, comiéramos o cenáramos allí y nos vigilaba a cada movimiento que hacíamos, vamos, un auténtico dolor de muelas. Por la tarde, después de dejar nuestras mochilas en el hostal, decidimos salir a dar una vuelta. Lo que más nos sorprendió fue ver como la comunidad la formaban afroamericanos y latinos; parece ser que los primeros descienden de los esclavos que llevaron los conquistadores españoles a esa zona, y debido a lo aislada que se encuentra, se quedaron y echaron raíces. Algo que también nos resultó llamativo fue ver que no había casi turistas, igual una docena o una veintena a lo sumo; en los dos días que estuvimos nos los fuimos encontrando varias veces y al final los saludábamos como si fueramos conocidos de toda la vida.

Al día siguiente decidimos madrugar bastante para ir caminando hasta Los siete altares, una de las pocas atracciones turísticas de la ciudad. Se puede llegar con lancha por unos 35Q, pero preferimos andar una hora y media por la playa, decisión que a posteriori resultó una genial idea. Algo que nos chocó mucho en el camino de ida fue ver la cantidad de residuos, sobre todo plásticos, que se encontraban en la orilla de la playa, para nada nos pareció que se mereciera el nombre de Playa Blanca o la consideración de ser la playa más bonita de toda Guatemala. Pensamos: como serán las demás… Al llegar, pagamos los 20Q de la entrada y pudimos comprobar que éramos las únicas personas en el lugar, sin contar los dos hombres que estaban retirando una rama de un árbol caída en una de las pozas y un niño que les observaba atentamente. Realmente hay más de 7 pozas, pero las más importantes suman ese número. Caminamos saltando entre las piedras, rio arriba, hasta llegar a una pequeña cascada y sentimos que era un lugar más auténtico que alguno de los otros que habíamos visto en el viaje, pero nada comparable con Semuc Champey. No nos bañamos porque estaba amenazando lluvia y no parecía el día indicado para ello. Al salir vimos como estaba empezando a llegar algo de gente: un colegio y algunos turistas. Tomamos una cerveza en la terraza del bar de la entrada al parque y emprendimos el camino de regreso.

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La vuelta fue totalmente distinta a la ida, había bajado el nivel del mar y la playa se mostraba ahora en todo su esplendor. Habían aparecido 3-4 metros más de arena y la basura que antes parecía estar en la orilla ahora estaba más alejada del agua, y ésta, a su vez, era más cristalina que a primera hora de la mañana. Algunos locales se bañaban y otros con su redes, bien en sus barcas o bien caminando en el agua pescaban por arrastre. Una estampa que nos cautivó.

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Al llegar al hostal, puesto que era tarde, recogimos las mochilas y fuimos con unas chicas americanas, que habíamos conocido fugazmente la noche de antes, a buscar el barco que nos llevaría a pasar una noche en el Hotelito Perdido.

A la mañana siguiente, tras haber dormido en una cabañita chulísima en medio de la naturaleza, nos montamos en otra barca y comenzamos el viaje rumbo a uno de los lugares que con más ansias esperábamos visitar: Tikal.

Cuando el rio esculpe belleza: Semuc Champey

Una de las visitas imprescindibles de todo viaje a Guatemala tiene que ser, sin lugar a duda, Semuc Champey. Se trata de un parque natural cuya mayor atracción son unas piscinas naturales de roca caliza de 1 a 3 metros de profundidad y 300 metros de largo por las cuales fluye el río Cahabón. Con el paso del tiempo los fósiles que se encontraban en el rio se fueron desgastando y esculpiendo estas formas tan características. Además de esto, el parque cuenta con un mirador de 50 metros de altura desde el que se pueden divisar las pozas (la ascensión no es muy dura y tarda una hora), un sumidero y una cascada que se puede visitar con algunos tours.

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Llegar desde Antigua hasta allí no es difícil, ya sea con uno de los shuttle para turistas como en uno de los camiones para locales, apodados por los extranjeros Chicken bus. El trayecto en shuttle ronda los 125 quetzales mientras que en transporte público cuesta una tercera parte. Nosotros habíamos planeado pasar una noche en Cobán, pero viendo que era factible llegar hasta Lanquin (la población más cercana a Semuc Champey), a tiempo como para encontrar alojamiento, renegociamos el precio con el conductor y fuimos directos.

A la hora de alojarse en las cercanías de Semuc Champey la oferta es amplia. En el mismo Lanquin hay mucho donde elegir, pero sin duda lo que más sale a cuenta es pernoctar cerca del parque. El Alojamiento más cercano es el Hostal El Portal, a las puertas del parque, con precios de 50Q por una cama en un dormitorio compartido y una carta de comidas bastante floja y cara. A 5 minutos del parque está el Posada Las Marías (muy próximo al rio) y a una hora andando está Utopía, el hostel donde nos alojamos. A mí personalmente me gustó mucho, nos lo habían recomendado y no nos defraudó. Se trata de una cabaña construida entre la naturaleza con sitio para unas 20 personas, entre el dormitorio compartido y alguna habitación privada. Unas vistas increíbles, precios razonables, una carta vegetariana muy cuidada y música en directo por la noche, es lo que le hace marcar la diferencia. Tuvimos la suerte de que al solo quedarles una cama en el dormitorio nos dejaron compartirla y solo pagar 70Q cuando el precio por cada una eran 50Q. El trato con el personal fue excepcional. El inconveniente que tiene es que los precios de los shuttles que salen desde Utopía son más altos que desde los otros 2 alojamientos cercanos al parque (185Q para ir a Rio Dulce frente a los 150Q de El Portal, por ejemplo).

A la mañana siguiente nos despertamos sobre las 8 y después de comernos una ensalada de fruta con yogurt y granola de las que quitan el hipo, partimos andando al parque. El trayecto fue un poquito más de una hora pero las vistas y la autenticidad de los aldeanos que nos fuimos encontrando por el camino hicieron que mereciera la pena el esfuerzo. El precio de la entrada fueron 50Q por persona. Fuimos de los primeros en entrar en el recinto por lo que caminamos directos a las pozas para poder bañarnos con tranquilidad. Muy cerca hay servicios, cambiadores y taquillas para dejar las cosas, puedes llevar tu candado (un poco grande) y usarlo para cerrarlas o bien alquilar uno al guarda por 10Q. Bajamos y subimos por todos los niveles y nos relajamos un poco metiendo los pies en el agua y dejando que los pececitos nos fueran comiendo las pieles muertas de los pies (esto me recordó mucho a Tailandia), un cosquilleo muy gracioso J. Después de un rato fuimos al mirador y tras un último chapuzón regresamos caminando a Utopía.

Panorama Utopia

Al día siguiente madrugamos para ir en shuttle hasta Rio Dulce, donde cogimos una barca publica y nos dirigimos rumbo a Livingston, el caribe Guatemalteco.

Antigua no pasa desapercibida

En el corazón de Guatemala existe una ciudad con alma colonial pero reconstruida a golpe de Subways, Macdonalls y Burger kings. Perderse por sus calles, visitar sus ruinas o asomarse al mirador del Cerro de Santa Cruz serían argumentos más que suficientes para quedarse prendado de esta ciudad si el dólar americano no hubiera impuesto su ley en ella. A pesar de eso es la ciudad con más encanto de Guatemala, el centro neurálgico del país, donde todos los caminos salen y a donde todos llegan. Antigua bien merece una visita. A nuestra llegada a Guatemala decidimos subirnos a un taxi que regateando nos ofreció un precio mejor al de los shuttles para turistas y nos dirigimos rumbo a Antigua. El trayecto duró aproximadamente una hora y nos costó 140 quetzales. Hablando con el conductor le dijimos que si nos podía recomendar un alojamiento barato y nos llevó a dos que estaban a la entrada de la ciudad, ambos lamentablemente completos. Finalmente nos dejó en el centro y después de caminar un buen rato preguntando en todos los hoteles, albergues y posadas que encontrábamos en nuestro camino conseguimos dormir, en condiciones lamentables, en uno de ellos por 100 quetzales. Hormiguitas, cucarachas…, pasamos una noche entretenidos. Antigua no es una ciudad grande y el número de turistas es comparable al de adoquines en su suelo; reservar si piensas llegar a última hora del día es una opción a tener muy en cuenta.

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Al salir a dar un paseo antes de acostarnos nos vimos sorprendidos por una procesión de Spidermans, Michael Jacksons y hombres vestidos de mujeres que entraban frenéticamente bailando en la Plaza Mayor siguiendo la estela de un camión musical. Más tarde nos enteramos que todo ello estaba organizado por un candidato a la alcaldía, ya que en unos días son elecciones generales y locales en toda Guatemala. Tomen nota políticos de nuestro país. Al día siguiente decidimos madrugar para asomarnos al mirador del Cerro de Santa Cruz al amanecer. Fue increíble disfrutar de esas vistas únicamente con dos hombres paseando a sus perros como testigos. Es algo que recomendaría encarecidamente a cualquiera que piense ir, por la tarde perfectamente se podían observar desde la lejanía unas 100-200 personas abarrotando el lugar.

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Para por la tarde guardamos la excursión al volcán Pacaya, cerca del lago Amatitlan.  Visto el éxito del día anterior reservamos antes de irnos un par de camas en una habitación compartida en el hostel Big Foot, 140 quetzales que pagamos gustosamente por unas instalaciones casi nuevas. Por el transporte y el guía al volcán pagamos 130 quetzales y allí les sumamos otros 50 por cabeza para entrar al parque natural. Después de aproximadamente una hora de cuestas no excesivamente durillas (existía la posibilidad de que te subieran a caballo por un módico precio) llegamos a los pies del sexto volcán más alto de Guatemala. Las vistas fueron impresionantes, únicamente un rayo de luz escapaba de entre las nubes al llegar el ocaso. A su vez pudimos tocar las rocas volcánicas formadas por la erupción del año pasado e incluso derretir marshmallows en los recovecos que estas dejaban, donde el calor era palpablemente mayor. En nuestro tour vinieron 3 canadienses muy majetes que estabán haciendo voluntariado en Antigua, un alemán y varios mejicanos que hicieron que nuestra excursión resultara, si cabe, más divertida. Ya de vuelta a nuestro punto de partida, cenamos en un restaurante mejicano (El Faro) que nos habían recomendado los canadienses y nos desplomamos en la cama totalmente abatidos al regresar a nuestro alojamiento.

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Antigua, sin duda, nos acabó enamorando. Por su historia y su situación geográfica, no puede pasar desapercibida.